La
información caracterizará las fases del proceso:
- Fase de información basal.
- Fase post-impacto.
- Fase de información para ayuda inmediata.
- Fase de información para ayuda secundaria.
- Fase de información para la rehabilitación.
- Fase de la información para la evaluación.
Fase
de información basal. En esta fase será necesario conocer los sistemas
ya existentes y recoger de ellos información esencial
para la evaluación y planificación. Algunas
de las informaciones de este tipo serán: características
demográficas, meteorológicas, prevalencia de
enfermedades, conocimiento de la situación nutricional,
entre otras.
Fase posimpacto.
Esta fase del trabajo se enfocará en las necesidades
de salvar vidas y prevención de la mortalidad relacionadas
con el impacto.
Fase de información para ayuda inmediata.
En esta fase se organizará todo el trabajo sanitario,
garantizando la asistencia médica para todos los necesitados,
así como el control sanitario de los albergues de
damnificados, calidad del agua, disposición de desechos
líquidos y sólidos y finalmente la calidad
de los alimentos que se consuman.
A pesar de que el número de muertos provocados por
algunos desastres naturales tales como huracanes, inundaciones
y erupciones volcánicas tiende a disminuir gracias
a sistemas de alerta e información más eficientes,
y un mejor grado de preparación de la comunidad, todavía
existen ocasiones como en los grandes huracanes y los terremotos
donde el número de víctimas mortales es aún
muy alto.
La existencia de gran cantidad de cadáveres luego
de un desastre natural, crea incertidumbre y temor en la
población en general, este temor es exacerbado por
las inexactas informaciones que transmiten los medios de
comunicación social sobre el peligro de epidemias
que representan los cadáveres. Frente a este problema
que tiene que ver con factores sociales, culturales y de
salud, se deben adoptar medidas nacionales con respecto a
las costumbres de la población. El problema es político
y social y no de salud.
El principio básico es que los cadáveres de
víctimas que murieron a causa de traumatismos causados
por el desastre no representan un riesgo de epidemias. El
riesgo mayor es transmisión de enfermedades gastrointestinales
no específicas cuando cadáveres, animales o
huesos contaminan de manera masiva las fuentes de agua.
Qué hacer:
• Informar que el riesgo de brotes epidémicos
como cólera, fiebre tifoidea, entre otros, por cadáveres
que murieron por efecto del desastre son mínimos.
Este riesgo es inexistente cuando los cadáveres
son enterrados en un deslizamiento de terreno o en derrumbes.
•
Recordar que la prioridad es atender a los sobrevivientes
y restablecer los sistemas de atención de salud
a la brevedad.
•
Promover la identificación y registro apropiado
de los cadáveres, incluyendo la extensión
de un certificado de defunción.
•
Promover la entrega de los cadáveres a sus familiares,
de manera que reciban el tipo de entierro más
adecuado y respetar los deseos y costumbres sociales
de las familias.
•
Alentar el manejo cuidadoso de los cadáveres por
parte de los cuerpos de socorro para evitar riesgos de
contaminación por mal manejo sanitario.
Lo que no se puede hacer:
• Promulgar legislación de emergencia sobre
el manejo de cadáveres.
•
Promover la cremación colectiva de cadáveres
ya que técnicamente es una tarea difícil
e inútil.
•
Alentar entierros en fosas comunes sin identificación.
Fase
de información para ayuda
secundaria. En esta fase
se determinará la necesidad de refugios a largo
plazo, se evaluarán las condiciones de salud
y se implementarán los sistemas centinelas de
vigilancia locales.
Fase de información para la rehabilitación.
En esta fase se determinaran las secuelas que ha dejado
el desastre, tanto desde el punto de vista de los recursos
humanos como materiales, proponiendo las medidas que puedan
disminuir o atenuar esta situación.
Fase de la información para la
evaluación.
Esta comprende desde el diseño de la vigilancia,
hasta el momento en que se determina el cese del sistema
por no existir las condiciones que lo generaron.
En la mayor parte de los desastres naturales el lapso para
determinar las necesidades de salud inmediatas no sobrepasará las
24 - 48 horas.
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